Ahora pienso en esas personas de las que he aprendido cosas y que ya no están aquí del mismo modo. Recuerdo, hace unos casi siete años ya, cuando Boñi me dijo por primera vez la frase esa de las ramas de los árboles que tienen fieles a sus pájaros porque sencillamente ofrecen, no exigen. Tal vez sea una de las frases que más me ha costado entender, en su momento aunque la entendía no lograba comprenderla del todo y mucho menos aplicarla...
Recuerdo las borracheras compartidas con Lady de las que han salido conversaciones, unas veces surrealistas pero muchas veces demasiado reales y sinceras para estar bañadas por tantos grados etílicos. Recuerdo como siempre la he admirado y como he deseado ser tan fuerte como ella, aunque he terminado dándome cuenta de la tristeza en su mirada y de su escudo protector. De ella he aprendido que todo tiene un precio pero también que no importa las veces que te caigas, sino las que te levantas...
Recuerdo las largas conversaciones con Sa, como hace cuatro años estábamos los dos en el mismo “punto evolutivo” y como han llegado a cambiar nuestras situaciones y a distanciarse. Echo de menos el poder hablar con él y ver cómo conseguía hacerme ver que mis quejas eran sólo eso y como terminábamos los dos riéndonos por tonterías...








